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⚠️ Cuidado con…

Promesas que cuestan caro

Cuando una familia está desesperada, aparecen muchos que quieren aprovecharse. Estas son señales de alerta que nosotros aprendimos a reconocer.

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Prometen “curar” el autismoO dicen que en unas semanas “se le quita”. El autismo no se cura: se acompaña.
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Venden productos para “desintoxicar”Suplementos, dietas extremas o soluciones como el dióxido de cloro (MMS). Ese producto es peligroso y nunca debe darse a un niño.
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Piden pagar muchos meses por adelantadoPaquetes caros “con descuento” que te amarran antes de ver resultados.
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No te dejan ver las sesionesNi te explican qué trabajan ni cómo va avanzando tu hijo.
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Te piden dejar a su médico u otras terapiasUn buen profesional trabaja en equipo, no pide exclusividad.

Antes de pagar, pregunta:

  1. ¿Qué estudió el terapeuta? ¿Tiene cédula profesional?
  2. ¿Qué objetivos van a trabajar y cómo vamos a medir el avance?
  3. ¿Puedo estar en las sesiones o verlas?
  4. ¿Cuánto cuesta en total? ¿Puedo pagar por sesión?
  5. ¿Qué puedo hacer en casa para ayudar?

La cédula profesional se puede consultar gratis en el Registro Nacional de Profesionistas de la SEP.

Tratamientos sin respaldo, o peligrosos

Se venden mucho en redes y en grupos de familias. Esto es lo que dicen las guías médicas internacionales y la COFEPRIS.

Dióxido de cloro o “MMS”La COFEPRIS advierte que no sirve para ninguna enfermedad, que ningún producto tiene registro y que causa daño al estómago, al corazón y a los riñones. Nunca se le debe dar a un niño.
Quelación (“sacar los metales”)Las guías médicas piden no usarla: no ayuda en el autismo y puede ser peligrosa.
Células madreNo hay ningún tratamiento con células madre autorizado para autismo en México.
Cámara hiperbáricaLos estudios no han mostrado beneficio.
Dieta sin gluten ni caseínaEn estudios bien hechos no mejora el autismo. Solo tiene sentido si hay una alergia o intolerancia diagnosticada por su médico.
Aparatos que “leen” o “equilibran” el cuerpoComo la “bioresonancia”: no hay ninguna evidencia de que sirvan.

Fuentes: guía NICE del Reino Unido, Academia Americana de Pediatría (2020) y comunicado de COFEPRIS sobre dióxido de cloro. Antes de dar cualquier medicamento o suplemento, consúltalo con su médico.

Referencias interesadas y estudios sin explicación

A veces hay arreglos económicos entre centros y “especialistas”: te mandan con alguien en particular, y ese alguien te manda a hacer estudios caros sin revisar bien a tu hijo.

Señales de alerta

  • Te mandan con un solo especialista, sin darte opción, y te presionan para ir ya.
  • Te dan un diagnóstico o te piden estudios sin revisar a tu hijo, casi sin verlo.
  • No te saben explicar para qué sirve un estudio ni qué cambiaría en su tratamiento.
  • Te piden estudios invasivos o caros “para saber de dónde viene”, y nada más.
  • Te tratan con prisa o con desprecio cuando preguntas.

Antes de aceptar un estudio o un medicamento, pregunta

  1. ¿Para qué sirve?
  2. ¿Qué cambiaría en su tratamiento según el resultado?
  3. ¿Qué riesgos o molestias tiene para él?
  4. ¿Hay otra opción menos invasiva?
  5. ¿Dónde lo puedo hacer? (Y compara precios.)
⚖️ Ojo, no todo estudio es innecesario. Algunos sí ayudan, como los de audición, los genéticos o un electroencefalograma si hay sospecha de crisis convulsivas. Y aunque los medicamentos no “curan” el autismo, a veces ayudan con el sueño, la irritabilidad intensa o la ansiedad. La diferencia está en que un buen especialista revisa a tu hijo, te explica sin prisa y responde tus preguntas. Tienes derecho a decir que no, a pensarlo y a pedir otra opinión.

Cobros que deben prender un foco

  • Te piden pagar meses por adelantado o un paquete “con descuento” antes de empezar.
  • Te presionan: “si no empieza ya, pierde su oportunidad”.
  • Te venden en la misma clínica suplementos, estudios o materiales caros.
  • Repiten evaluaciones caras muy seguido, sin explicar para qué.
  • No te dan recibo, contrato ni precio por escrito.

Cómo protegerte

  • Pide el precio por sesión y paga por sesión o por mes.
  • Pide todo por escrito: costo, objetivos y cada cuánto revisan avances.
  • Revisa la cédula profesional en el Registro Nacional de Profesionistas.
  • Compara con las opciones públicas y de bajo costo del directorio.
  • Pregunta a otras familias cómo les fue. Una familia guía te puede orientar.